Lo que no se mide, difícilmente mejora.
Written By Roberto Gutierrez
Todos hemos escuchado frases como:
“Se ve más fuerte.”
“Parece que saltó más alto.”
“Creo que ya está listo para competir.”
Son comentarios comunes dentro del entrenamiento. Sin embargo, muchas veces describen una percepción más que una realidad objetivamente medida.
La experiencia del entrenador sigue siendo una de las herramientas más importantes dentro del proceso. Pero observar y medir no son lo mismo. La observación aporta contexto; la evaluación aporta información que permite tomar decisiones con mayor precisión.
Por eso existe un principio que ha guiado durante años al alto rendimiento, la medicina y muchas otras disciplinas: lo que no se mide, difícilmente mejora.
Observar no siempre significa medir
La experiencia permite reconocer patrones, identificar movimientos deficientes y detectar posibles limitaciones. Un entrenador con años de trabajo puede desarrollar una gran capacidad para interpretar lo que ocurre durante una sesión.
Sin embargo, incluso la experiencia tiene límites.
Dos atletas pueden ejecutar el mismo salto y generar impresiones muy similares para quien los observa. Pero cuando ese movimiento se analiza con herramientas de evaluación, pueden aparecer diferencias importantes en la forma en que producen fuerza, absorben el impacto o distribuyen la carga entre ambas piernas.
La diferencia no está en que el entrenador haya observado mal. La diferencia es que algunas variables simplemente no pueden apreciarse con precisión a simple vista.
¿Por qué evaluar antes de entrenar?
Todo programa de entrenamiento comienza con una pregunta.
¿Qué necesita mejorar esta persona?
Responder esa pregunta únicamente observando el movimiento puede llevarnos a conclusiones incompletas. Una evaluación permite establecer un punto de partida objetivo sobre el cual construir el entrenamiento.
No se trata únicamente de identificar debilidades. También permite conocer fortalezas, establecer prioridades y comprender cuáles adaptaciones tendrán un mayor impacto sobre el rendimiento.
Porque si no sabemos dónde comienza una persona, tampoco podremos saber con certeza cuánto ha progresado.
Los datos cuentan una historia
Con el desarrollo de la tecnología, hoy es posible cuantificar muchas variables relacionadas con el rendimiento humano. La producción de fuerza, la potencia, las asimetrías, el tiempo de contacto con el suelo o la capacidad para absorber fuerzas durante un aterrizaje son algunos ejemplos.
Una de las herramientas más utilizadas para este propósito es la plataforma de fuerza o Force Plate.
Sin embargo, el verdadero valor de esta tecnología no está en la cantidad de datos que genera.
Está en las preguntas que esos datos ayudan a responder.
¿Existe una diferencia importante entre ambas piernas?
¿La fuerza se está desarrollando en la dirección correca?
¿El atleta está listo para aumentar la carga?
¿La rehabilitación realmente está progresando?
Los números, por sí solos, no mejoran el rendimiento. Lo hacen cuando ayudan a tomar decisiones más precisas.
Los datos no sustituyen al entrenador
Existe la idea de que la tecnología reemplazará la experiencia.
En el entrenamiento ocurre exactamente lo contrario.
Los datos no diseñan programas.
Los datos no entienden el contexto.
Los datos no conocen la historia del atleta.
Todo eso sigue siendo responsabilidad del entrenador.
La evaluación simplemente añade una capa adicional de información que permite reducir la incertidumbre y tomar decisiones con mayor confianza. La experiencia interpreta los datos. Los datos fortalecen la experiencia.
Evaluar también significa Re-evaluar
Una evaluación no representa el final del proceso.
Representa el inicio.
Después de evaluar, el entrenamiento comienza con un propósito claro. A medida que pasan las semanas, el objetivo deja de ser simplemente completar sesiones y pasa a ser comprobar si las adaptaciones realmente están ocurriendo.
Por eso, evaluar una sola vez tiene un valor limitado.
Re-evaluar permite confirmar si el programa está funcionando, si las decisiones fueron correctas o si es necesario realizar ajustes antes de continuar avanzando.
Entrenar sin volver a medir es asumir que todo está funcionando. Re-evaluar permite comprobarlo.
Más allá de los números
Es fácil pensar que una evaluación consiste únicamente en obtener una hoja llena de datos. En realidad, ocurre lo contrario.
Cada número representa una parte de la historia de la persona que tenemos delante. Cuando esos datos se interpretan dentro del contexto adecuado, ayudan a comprender mejor cómo se mueve, cuáles son sus principales limitaciones y qué necesita para seguir progresando.
El objetivo nunca ha sido acumular información, el objetivo es tomar mejores decisiones. Porque entrenar mejor no empieza levantando más peso ni haciendo más ejercicios.
Empieza entendiendo qué necesita mejorar realmente la persona que tienes delante.

