El costo oculto del estrés

Written By Carlos Alcantara

La mayoría de las personas asocia el estrés con el trabajo, los problemas económicos o las responsabilidades del día a día. Rara vez pensamos en el entrenamiento de la misma manera. Sin embargo, desde una perspectiva biológica, ambos forman parte de una misma ecuación.

Una sesión exigente en el gimnasio, una noche con pocas horas de sueño, una semana particularmente intensa en el trabajo pueden afectar la capacidad del cuerpo para recuperarse y seguir progresando con el entrenamiento.

Por eso, entender el rendimiento no consiste únicamente en analizar lo que ocurre dentro del gimnasio. También implica comprender la cantidad total de carga que una persona está acumulando cada día y cómo esa carga influye sobre su capacidad para seguir progresando.

Ahí es donde aparece uno de los factores más ignorados dentro de la preparación física: el costo oculto del estrés.

La adaptación es el objetivo

Cada sesión de entrenamiento representa un desafío para el cuerpo. Cuando levantamos pesas, realizamos sprints o participamos en una competencia, se consumen reservas de energía, aparece fatiga y comienzan una serie de procesos fisiológicos destinados a recuperarse de ese esfuerzo.

Ese estrés no es negativo; de hecho, es una parte necesaria del proceso. Sin una cantidad suficiente de carga, el cuerpo no tiene razones para mejorar. El objetivo del entrenamiento nunca ha sido acumular fatiga innecesaria, sino aplicar una carga que genere las adaptaciones necesarias para mejorar el rendimiento.

Por esa razón, el rendimiento no depende únicamente del trabajo que una persona realiza. También depende de su capacidad para recuperarse de ese trabajo y convertirlo en una mejora real con el paso del tiempo.

El entrenamiento es solo una parte de la carga

Uno de los errores más comunes es pensar que el entrenamiento es la única variable que influye sobre el rendimiento.

Sin embargo, el entrenamiento no ocurre de manera aislada.

Dependiendo de la persona, también existen otras demandas que forman parte de su día a día. Para algunos puede tratarse del trabajo, las responsabilidades familiares o largos períodos de tiempo frente a una computadora. Para otros, especialmente en el caso de atletas jóvenes, puede incluir las exigencias académicas, los horarios escolares,las competencias o la acumulación de entrenamientos deportivos.

Todo esto forma parte del contexto en el que ocurre la recuperación.

Por esa razón, dos personas pueden seguir exactamente el mismo programa y obtener resultados completamente diferentes. No porque el entrenamiento haya cambiado, sino porque las demandas que acompañan su día a día también son distintas.

La relación entre carga y recuperación

La capacidad de adaptación de una persona depende de la relación entre la carga que recibe y su capacidad para recuperarse de ella.

Cuando existe un equilibrio adecuado entre ambas, el cuerpo puede recuperarse, adaptarse y continuar progresando. Sin embargo, cuando las demandas comienzan a acumularse más rápido de lo que la recuperación puede compensar, el proceso de adaptación empieza a verse afectado.

En la práctica, esto rara vez ocurre de manera repentina. Generalmente aparece de forma progresiva. El rendimiento comienza a estancarse, la sensación de fatiga se mantiene durante más tiempo, la calidad del sueño empeora o ciertas molestias tardan más en desaparecer. Aunque cada persona responde de manera diferente, estas señales suelen indicar que la relación entre carga y recuperación ya no es tan favorable como antes.

¿Qué debes observar?

Si llevas varias semanas sin progresar, sientes que tu rendimiento ha disminuido o simplemente percibes que el entrenamiento ya no está produciendo las mismas adaptaciones, antes de cambiar ejercicios, aumentar el volumen o modificar la intensidad, vale la pena observar otros factores que también influyen sobre la recuperación.

La calidad del sueño, la hidratación, la alimentación las horas de trabajo, cada unas de esta variables pueden influir significativamente sobre la forma en que el cuerpo responde al entrenamiento.

En muchos casos, el estancamiento no aparece porque el programa sea incorrecto. Aparece porque alguno de estos factores está limitando la capacidad de recuperación y, como consecuencia, reduciendo la capacidad de adaptación.

Antes de modificar el entrenamiento, conviene preguntarse si el cuerpo realmente dispone de las condiciones necesarias para beneficiarse del trabajo que ya se está realizando.

Más allá del entrenamiento

El entrenamiento representa una fuente de carga, pero rara vez es la única.

Por eso, comprender el rendimiento implica observar el contexto completo de la persona y no solamente el programa que aparece escrito en una hoja de entrenamiento.

La adaptación ocurre cuando existe un equilibrio adecuado entre las demandas que recibe el cuerpo y su capacidad para recuperarse de ellas.

Cuando ese equilibrio existe, el cuerpo mejora.

Cuando deja de existir, el progreso se estanca.

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