Lo que realmente construye el Rendimiento Atlético

Written By Roberto Gutierrez

Cuando se habla de entrenamiento deportivo, es común dividir la preparación física en diferentes categorías: fuerza, velocidad, potencia, pliometría e hipertrofia.

Sin embargo, el rendimiento deportivo rara vez ocurre de esa manera.

Cuando un atleta acelera, cambia de dirección o salta, el cuerpo debe producir fuerza, aplicarla en períodos muy cortos de tiempo y aprovechar la energía almacenada durante el movimiento. La fuerza, la velocidad y la capacidad de reutilizar energía interactúan constantemente durante el gesto deportivo.

Pero para que esto sea posible, el organismo primero necesita desarrollar las adaptaciones que lo permitan.

Es ahí donde cualidades como la hipertrofia y el entrenamiento de fuerza encuentran su lugar dentro de un programa de desarrollo a largo plazo.

Por esa razón, el rendimiento no se construye entrenando capacidades aisladas. Se construye desarrollando adaptaciones que, con el tiempo, terminan integrándose.

La preparación física como un sistema

La hipertrofia, la fuerza, la velocidad, la pliometría y la potencia representan adaptaciones diferentes.

Separarlas es útil porque permite organizar el entrenamiento y entender qué estamos intentando desarrollar en cada momento.

Pero una vez aparece la programación, surge una segunda pregunta.

¿En qué orden deberían desarrollarse estas adaptaciones?

Aunque la respuesta dependerá del atleta, del deporte y del momento de la temporada, existe una lógica relativamente consistente.

Primero se construye una estructura capaz de tolerar carga.

Después se incrementa la capacidad para producir fuerza.

Con el tiempo, esa fuerza comienza a expresarse a mayores velocidades y en acciones cada vez más específicas del deporte.

Es a partir de esa secuencia que las distintas capacidades comienzan a entenderse como parte de un mismo proceso.

La hipertrofia más allá de la estética

La hipertrofia suele asociarse casi exclusivamente con el desarrollo muscular y la apariencia física. Sin embargo, desde una perspectiva del rendimiento, representa una adaptación estructural.

Más tejido muscular significa una mayor capacidad potencial para producir fuerza, absorber carga y tolerar el entrenamiento a largo plazo.

Un atleta que no posee una estructura suficientemente desarrollada tendrá menos recursos sobre los cuales construir las demás capacidades.

Por eso, la hipertrofia no debería versé como el objetivo final, sino como una de las primeras adaptaciones sobre las que se apoyará el desarrollo posterior.

La manera en que esta adaptación se construye puede variar dependiendo del atleta, del deporte. Lo importante es comprender el papel que cumple dentro del proceso.

¿Por qué la fuerza sigue siendo importante?

Una vez existe una estructura capaz de tolerar carga, el siguiente paso consiste en aumentar la capacidad para producir fuerza.

En el deporte, acelerar, frenar, aterrizar o cambiar de dirección son acciones que dependen de esta capacidad.

La fuerza no es simplemente levantar grandes cantidades de peso. Es la capacidad de producir y absorber fuerza para acelerar, frenar, cambiar de dirección y controlar el propio cuerpo durante el movimiento

Mientras mayor sea esta capacidad, mayor será el potencial para desarrollar el resto de las cualidades físicas.

Por esa razón, la fuerza continúa ocupando un lugar central dentro de la preparación física, independientemente del deporte que se practique.

La velocidad como expresión de la fuerza

Existe la idea de que la velocidad consiste únicamente en correr rápido.

Sin embargo, un atleta veloz no solo mueve sus piernas con mayor frecuencia. También es capaz de aplicar grandes cantidades de fuerza en períodos extremadamente cortos de tiempo.

En muchos deportes, la oportunidad para producir fuerza dura apenas unas décimas de segundo. Si esa fuerza llega tarde, simplemente deja de ser útil.

Desde esta perspectiva, el entrenamiento de la velocidad busca mejorar la capacidad del sistema neuromuscular para aplicar fuerza dentro de los tiempos que exige el deporte.

En otras palabras, la velocidad puede entenderse como una de las formas más específicas de expresar la fuerza desarrollada durante el proceso de entrenamiento.

La pliometría y la reutilización de energía

Cada vez que un atleta aterriza después de un salto o cambia de dirección, su cuerpo almacena energía.

La calidad con la que es capaz de reutilizar esa energía determina gran parte de su eficiencia de movimiento.

Tradicionalmente, la pliometría se asocia con diferentes tipos de saltos. Sin embargo, su valor dentro de un programa de entrenamiento radica en mejorar cómo el sistema musculotendinoso almacena y reutiliza energía.

Un atleta eficiente no necesariamente produce más energía. En muchas ocasiones, simplemente gasta menos

La transferencia al deporte

Tradicionalmente, la potencia se define como la combinación entre fuerza y velocidad.

Sin embargo, dentro de un proceso de preparación física, su papel va un poco más allá de esa definición.

A medida que el atleta desarrolla una estructura capaz de tolerar carga, aumenta su capacidad para producir fuerza y aprende a expresarla rápidamente, el siguiente paso consiste en transferir esas adaptaciones hacia acciones cada vez más específicas del deporte.

Es ahí donde el entrenamiento de la potencia adquiere protagonismo.

No porque sea una capacidad aislada, sino porque representa el punto en el que muchas de las adaptaciones desarrolladas anteriormente comienzan a manifestarse en movimientos explosivos, aceleraciones, cambios de dirección, saltos o lanzamientos.

Por esa razón, el entrenamiento de la potencia suele ocupar una etapa más avanzada dentro del proceso de preparación física, actuando como un puente entre el trabajo general y las demandas específicas del deporte.

Más que una suma de capacidades

El objetivo del entrenamiento no es desarrollar una sola cualidad física. El objetivo es integrar diferentes adaptaciones para que puedan expresarse cuando el deporte lo exige.

Los métodos y los ejercicios pueden variar dependiendo del atleta, del deporte y del momento de la temporada.

Lo que permanece es la necesidad de desarrollar esas adaptaciones dentro de un sistema coherente.

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